ALEXEI MAKAROV
No recordaba que la casa de mi madre fuera tan amplia y elegante. Mis primeros años de vida fueron borrosos, pero aún conservaba algo de sus sonrisas y miradas tiernas, así como esa canción de cuna que siempre me acompañaba antes de dormir.
Mientras afuera caía la nieve, dentro se sentía la calidez acompañada de elegancia. Caminé con paso firme por el gran salón donde presencié tantas fiestas, entonces escuché ese sutil taconeo que me hizo sonreír. No necesitaba verla para saber