Mundo de ficçãoIniciar sessão¿Crees en el «felices para siempre»? Rosa María Hernández también creía… hasta que el matrimonio perfecto le estalló en la cara. Tras descubrir que su esposo no solo era infiel, sino un experto en traiciones, Rosa María mandó su vida de «esposa perfecta» directo al retrete. Ahora, cinco años después, es una mujer que no pide permiso: millonaria, dueña de su propio imperio de belleza y con una lengua lo suficientemente afilada como para cortar diamantes. Ha aprendido que la libertad sabe mejor que el compromiso, y que un buen par de tacones sirve tanto para desfilar como para patear traseros. Pero entonces aparece Mike Sterling. Él es todo lo que Rosa María debería evitar: un abogado penalista prestigioso, impecable, de vida monótona y con un autocontrol que parece de acero. Mike vive bajo las reglas; Rosa María vive para romperlas. Él es el orden; ella es un huracán con aroma a perfume caro y ritmo de salsa. Cuando sus mundos colisionan en una mezcla explosiva de malentendidos, tensión sexual y un desastre legal en un club nocturno, Mike descubrirá que ninguna ley lo puede proteger de lo que Rosa María le hace sentir. ¿Podrá un hombre que lo tiene todo bajo control sobrevivir a una mujer que es un verdadero caos delicioso? Prepárate para una historia donde el amor no sigue el protocolo, la pasión no sabe de leyes y las segundas oportunidades vienen con una dosis extra de picante.
Ler maisRosa Maria
Cinco años antes...
Mientras subía a Amber al auto y acomodaba el cinturón de seguridad en la silla para bebés, logré escuchar a Everest enfrascado en una discusión, cosa que me extrañó ya que es muy controlado. Saqué la cabeza de donde la tenía escondida y alcancé a escuchar:
—¡Por supuesto que no! Eso no va a pasar —con la mano en la cintura, Everest casi vociferaba—. ¡Ni lo sueñes! Y no te atrevas porque me la pagarás, yo no tuve la culpa.
Pero como la curiosidad mató al gato, me acerqué y lo último que escuché me cayó encima como un balde de agua fría:
—Yo no soy el padre de tu criatura, búscate otro a quien embaucar con eso.
Mi mundo perfecto se derrumbó; mi vida se limitó a unas palabras susurradas por mi esposo. Él era mi vida y creo que la perdí…
A puntito del colapso, reuní todas mis fuerzas para recomponerme, recordando las palabras de mi madre: «Nada ganamos con hacer un escándalo, las mujeres de alta sociedad debemos ser perfectas para nuestros maridos ya que ellos son perfectos».
¡Perfectamente infieles los muy cabrones!
Regresé sobre mis pasos a mi lugar perfecto, dentro de mi auto perfecto. Quiero morir comiendo helado y Coca-Cola perfectamente tirada al lado de la piscina. Llamaré a Caspian para que vayamos de compras.
…
Amber balbucea algo que no entiendo mientras Caspian le hace mil carantoñas y le entrega su juguete favorito.
—¡Everest tiene otra mujer! —suelto como si fuera cualquier cosa y el nudo en mi garganta puja por asfixiarme.
—¿Qué has dicho, Amix? —mi amigo tiene los ojos tan abiertos que temo que le caigan dentro de su mimosa.
—¡Lo que escuchaste, Amix! Mi esposo perfecto me es infiel con otra mujer que quizás es más joven y bella que yo —no resistí y me derrumbé; lloré como si en lugar de haberme puesto los cuernos, este se hubiese muerto.
—¡Oh, Miggui, no llores! Esa m****a millonaria no sabe lo que perdió.
—¿Quéeee? ¿Perdió? Yo no lo dejaré, él... él… ¡yo lo amoooo!
Y lloré como la desgraciada más inútil del mundo, como si no hubiese mañana sin Everest, o como si el tiempo se detuviera si no me mira más. ¡Soy una idiota! Pero me duele. Es como una daga en el pecho que ni te mata, ni te deja vida. Es como si un fuego te abrasara y ya no pudieras salir de él.
—Bien, mi amor, ya cálmate, no llores así, porque si vas a aguantarte los cuernos no debes estar horrenda, debes mantenerte divina —lo miré fijamente a esos preciosos ojos marrón chocolate y sonrió tierno. Mis lágrimas no dejaban de caer en su pecho, mojando su camiseta.
Caspian es mi amigo de la infancia, es gay y desde tercer grado somos inseparables. Es un chico de piel blanca y un metro ochenta, muy pero que muy atractivo y con un gusto exquisito para los hombres. Es tan hermoso que yo me siento fea a su lado, y más en este momento que la depresión me arropa.
—¡No sé qué hacer, Amix! Quiero, quiero… ¡llorar eternamente! ¿O mejor me muero? ¡Ay, no sé qué hacer! —mi amigo está asombrado y coloca la mano en su pecho; esta vez su boca se abre tanto que dudo que pueda cerrarla.
—¡Cállate, cállate, no quiero escucharte! ¿Quieres hacer algo, Rosa María? —asiento mil veces, necesito distraerme—. Entonces levanta tu lindo trasero y hazle un cambio de ropa a Amber que nos vamos de compras, a ver si cambias esa cara de tragedia, cariño. ¡No la soporto! —pone los ojos en blanco y se dirige hacia el interior de su casa, dejándome atónita con mi hija en los brazos a la orilla de la piscina.
Compramos casi todo lo que había en el centro comercial: blusas, pantalones, faldas y chaquetas; junto a zapatos deportivos, casuales y elegantes. Corbatas y mucha lencería femenina que, según Caspian, será un «boom» cuando la luzca paseándome por toda la casa.
Luego entramos a una peluquería para que, con mi nuevo guardarropa, el cambio de look sea completo. Mi cabello pasó de castaño oscuro a un rubio oscuro con reflejos plateados muy finos que me devolvieron la juventud en un instante. ¡Asombroso! Me siento diferente. Le di el biberón a Amber mientras mi amigo hablaba alegremente por teléfono y reía a carcajadas con quien fuera.
—… estoy con Amix en la pelu de Rodi, acércate y nos acompañas con un café. ¿Te parece? —el Sr. Quien-quiera-que-sea al parecer le respondió algo que le agradó, ya que dio saltitos en su lugar.
—¡Su cuenta, señora! —se acerca una chica preciosa con los ojos puestos en mi amigo.
—¡Yo cancelo, querida, gracias! —dijo él. La chica se decepcionó al escucharlo hablar, porque aunque Caspian es todo un Adonis, sigue siendo gay.
Pagamos y encontramos un sitio precioso, un Café-Bar al aire libre donde la decoración era estilo gótico: todo en tonos negro, rojo y azul, con las sillas y mesas en hierro forjado y mucho vidrio.
—¡Caspian, amigo mío! Ha pasado tiempo, ¿eh? —y apareció el sueño de toda mujer.
Alto, tez canela y cuerpo de infarto; una melena rizada que brillaba como el sol aunque era oscura. Pero lo que me envió directamente a la lona fue ese par de ojos color caramelo que acariciaron mi piel haciéndome arder en deseo.
Me sonrojé, ¡lo sé! Fue instantáneo. El chico sonreía con su dentadura perfecta y yo moría de la vergüenza porque tengo treinta y ocho años para que me altere un muchacho de ¿veintiséis? Es una vergüenza porque ¡por Dios!, soy una anciana. Mi corazón late apresurado, las manos me sudan y mi frente perlada llama su atención. Sabe por qué estoy así o lo intuye. ¡Rosa María, céntrate! Él te mira.
—¿Sucede algo, linda? —sus ojos me miran curiosos y divertidos a la vez, y yo muero de vergüenza.
—¡Yoooo... eeehhh! Nada, es que ya se me hizo tarde y debo irme. ¿Caspian? —mi amigo me observa con una ceja levantada y no sé cómo decirle que debo irme o mejor dicho, ¡que quiero huir!
—¡Amix, Rigo no te morderá! ¡A menos que lo desees, claro está! —me arde el rostro; voy a quedar sola en el mundo porque Caspian morirá hoy.
—¡Déjala, Caspian, por favor! Mira lo hermosa que se ve toda colorada, pero tiene mucha vergüenza —Rigo me observaba con ternura.
¿Cómo se siente mal una porque le ponen cuernos con este hombre mirándola así? ¡Jesús! Me siento bella.
Me relajé. Pasamos la tarde entre risas, coqueteos y conversaciones amenas (de adultos, por supuesto). A las seis de la tarde llegué a casa con un paquetero inmenso, Amber dormida y una cara de tonta que ni lo cuento. Mi esposo infiel se encuentra de viaje por negocios y esta semana duermo solita y soñando con el bombón de Rigo.
***
Yo, Rosa María Hernández, pensé realmente que podría vivir con la doble vida de mi… idiota marido. Intenté ignorar los mensajes y las salidas, la discapacidad sexual y los ronquidos en torno a las noches que llegaba borracho. La chica en cuestión se llama Madeleine y tiene veintitrés años. No la culpo de nada —bueno, quizás de tirárselo un poco, sí—; ese degenerado le dijo que yo era una vieja…
Lo intenté, ¡lo juro!
Pero… ¿adivinen qué? No pude con la infidelidad del mequetrefe de mi esposo y menos cuando la susodicha decidió llamar a la casa a altas horas de la noche y con un tonito que ¡me la sacó a pasear, nenes! ¿Qué se ha creído esa igualada?
El vaporón que se prendió fue de «espanto y brinco», como solía decir mi abuela, que en paz descanse. Le saqué los trapitos a la calle —literalmente— y le grité sus verdades ¡hasta que la tenía chiquita! Los vecinos, asombrados, se reunieron y solo miraban el espectáculo que tenían de frente. Un Everest haciéndose la víctima y yo, que nunca he sido nada discreta, lanzándole los zapatos al aire y hasta los calzones; eso, después de que le di en la cabeza con un caldero y le pateé los cojones con mis nuevos zapatos rojos marca Prada.
El escándalo se extendió como dos horas más hasta que llegó la policía y la vecindad arpía y desgraciada me acusó de agresión, violencia doméstica, alcoholismo y alteración del orden público.
¿Y saben qué más?
La vecinita de dos casas después fue uno de los testigos que hundió el dedo en mi llaga para que me esposaran y llevaran detenida a un calabozo. ¡También se la cogía a ella, la muy zorra!
Me fui a la comisaría con mi hermoso vestido azul de la línea exclusiva de verano de Versace y mis zapatos rojos de Prada. Allí me esperó el abogaducho de quinta que contraté (al cual le mantuve el embarazo de la mujer para que me sacara de la cárcel pagando una fianza millonaria y borrar cualquier expediente negativo). Con mi llanto a flor de piel y mi mejor amigo, me fui a la casa. Ya no había rastro de ropa, ni de mi marido. Amber aún dormía en los brazos de Caspian, que lo adoro, y bueno... yo quería beber hasta morir.
Desde entonces mi vida fue un asco de frustración y miseria personal. Tres meses después firmamos el divorcio. Me quedé con la mitad de todo más mis negocios —clandestinos para él, por supuesto— que fueron las salas de belleza con los Spa, pero me desalojó de mi casa porque según él era herencia de su madre. ¡Ja! ¡Y la vieja estaba loca por salir de ese pendejo! Pero ese desgraciado tenía un as bajo la manga y, con dinero y maña, me quitó a mi hija. Mi Amber, que la quiero conmigo y ahora solo la veo dos domingos al mes, y hoy es uno de ellos.
…
—¡Oh, por Dios! —fue lo que grité cuando Rigo me hizo alcanzar un fabuloso orgasmo, después de haber tenido una tarde fascinante entre sexo y caricias.
—¿Todo bien, muñeca? —asentí extasiada.
—Ya me llevaste al cielo, amor. Ahora llévame a casa, que mi madre debe estar por llegar con Amber —acaricié su torso y lo besé, disfrutando de sus labios gruesos y carnosos.
—¡Sus deseos son órdenes para mi bella dama! —me besó nuevamente y mi cuerpo vibró, pero no le di importancia porque se hacía tarde y quedaría a medias.
Mike¡Veinte minutos!Exactamente ese fue el tiempo que estuve en shock, luego de leer el “positivo” de aquella prueba de embarazo, que me hizo el hombre más feliz del mundo y me instó a amar más a aquella hermosa y maravillosa mujer que me regaló la vida. Rosa María Hernández se ha dedicado a mimarme más que nunca y yo parezco un pequeño tonto y caprichoso. Tanto así que nos casamos en quince días. La boda será auspiciada por un presbítero amigo de mis padres, mi hermana enloqueció con la noticia a pesar de que está completamente enamorada de Marlon y Amber.— ¡Me encanta tu vestido Rosa María! — ambas insistieron en que las acompañara con las compras, me siento en el sofá que se encuentra en el centro de la tienda mientras observo a mi chica que le hace mala cara a alguien — ¿Saldrás? — Rosa María asiente — ¡No puedes, es de mala suerte! — escucho a Alice que grita.— ¡Alice, tu hermano es quien me arrancará este vestido! — mi hermana jadea sorprendida y mi sonrisa se ensancha — Cre
Mike SterlingEscucharla gritar mi nombre con esa desesperación despierta en mí todas las perversiones que a lo largo de mi vida ni siquiera sabía que existían. Como en algún momento mencioné: nunca me ha gustado improvisar y siempre he calculado todos los movimientos que me dispongo a dar, cada uno, paso a paso mi vida se convirtió en un cúmulo de emociones vacías que en algún momento me perdí entre lo mecánico y artificial.Imagino que esto se ha debido a que dentro de mi crianza y con un padre militar y abogado se suscitaban demasiadas reglas y correcciones porque, aunque nunca hubo más lujo o suntuosidad de la necesaria, mis padres siempre me dieron lo mejor de ellos dentro de una serie de normas y correcciones de los cuales nunca me quejé y mejor aún, nunca me molesté en corregir porque me sentía cómodo con ello. Incluso dentro de mis relaciones interpersonales e íntimas sabía cómo aislar los sentimientos de las emociones para no salir de esa confortable, pero aburrida vida que h
Rosa MaríaLo vi en lo alto de la escalera y todo mi cuerpo tembló de excitación, amor y necesidad.Me perdí en esa preciosa mirada azul claro y en la magnífica imagen que muestra el hecho de que lleve cargado al pequeño Marlon en brazos y a Amber de la mano como todo un padre. Justo después del rescate, fue amor a primera vista por parte de todos, a medida que baja las escaleras siento como el piso tiembla bajo mis pies y me produce un mareo que ¡a Dios gracias! Me encuentro cerca de mi padre porque de otro modo habría caído al piso por el poder de su sola mirada. Mis ojos se humedecen en el momento que sonríe al escuchar algún secretito que ese precioso niño pronuncia entre susurros a su oído. Es su héroe y el Príncipe Encantador de como él mismo se refiere a ella: su mini Nena. Somos una familia, ya no estamos solos y nos amamos con locura. Aun cuando tengo claro que Mike detesta este tipo de celebraciones y fiestas, en otras palabras… la ostentación.— Ese chico es todo un galán m
Seis meses después…Mike SterlingLa vida te entrega las cosas como una gran masa de arcilla, nosotros nos encargamos de darle forma y ajustarla a nuestro antojo, es decir; como nos parezca o como nos acomode tal como diría la única mujer que he amado en mi vida: Rosa María Hernández ¡sí, una despampanante morena! De ascendencia colombiana y con una personalidad que sacaría de quicio a cualquier hombre que se apreciara de cuerdo. Yo caí en sus redes y puedo decir que morí de rabia y desesperación al igual que de deseos y excitación gracias al temperamento y tozudez de esa preciosa mujer.— ¡Hola Mike! ¿se puede? — giro sin despegar las manos del barandal que enreja el balcón de la habitación principal en la Mansión donde vivimos en el 515 Park Ave, New York, Ny 10022.— ¡Hola mini Nena, claro, pasa! — Amber ya tiene casi seis años y es la damita más linda que he visto, no es un secreto para ella que no deseo bajar.No me agrada tanto lujo, solo lo resisto porque la amo y al terminar e










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