JAMES CARTER
—Auch —dijo Shawn apretando los dientes y frunciendo el ceño—, pensé que empezarías por algo menos doloroso.
—¿Para qué? ¿Para qué se desmaye y no recuerde todo lo demás? —pregunté indignado, encajando con más fuerza hasta que el acero traspasó la carne, perforándola y rehusándose a salir por más que tiraba de él.
—¡BASTA! ¡POR FAVOR! ¡YA NO JALES! —exclamó el pobre hombre entre llantos y lamentos—. ¡MÁTAME POR FAVOR! ¡SOLO HAZLO!
—¡Cállate, perro! ¡No le digas qué hacer! —respond