La Nave Beta, el santuario de acero de Enzo, ya era un recuerdo. Tras cifrar el último mensaje a 'El Emir' y dejar a Franco a cargo de la seguridad de la colección y la droga, Enzo decidió que debía ver a Sabrina. Necesitaba verla antes de su viaje a Montecarlo, aunque solo estuviese dormida.
Enzo condujo hasta la cabaña de alta seguridad, un refugio de madera oscura y cristal en medio del bosque, donde Ángela y Vittorio mantenían a Sabrina vigilada. La seguridad era máxima, lo que le daba un aire de prisión dorada.
Entraron en el pequeño despacho de la cabaña, el mismo lugar que Sabrina había estado espiando. Ángela y Vittorio ya los esperaban.
—Alistair ya tiene las fotos cifradas de la colección y una muestra de la pureza del cargamento. La reunión es en Montecarlo la próxima semana. Es un juego arriesgado, pero es la única salida. —Explicó Enzo, con la voz baja y grave, repasando los detalles de la venta de su vida—. Franco se queda aquí para coordinar el movimiento cuando el dine