La cabaña, un santuario de cristal y madera en el corazón del bosque, dejó de ser una prisión dorada y se transformó en un escenario de caos primal. El silencio del despacho se había roto con el grito de furia de Sabrina, y ahora la habitación se llenaba con la respiración entrecortada del dolor y la urgencia.
Enzo había actuado por puro instinto, su fachada de hierro fundido por el pánico. Llevó a Sabrina hasta la cama, su cuerpo temblándole a pesar de su fuerza. La vio retorcerse, y cada cont