El tiempo se había estirado y encogido en el pequeño pueblo de El Refugio, un rincón polvoriento y tranquilo en el interior, lejos del mar y de la opulencia de la mansión. Cinco meses de anonimato forzado, de aire seco y del olor a tierra mojada después de la lluvia, un contraste brutal con el cedro y la colonia de Enzo.
Sabrina decidió que ya era hora que franco y Vittorio se fueran y la dejarán sola, en su privacidad, donde no estuviese vigilada y donde olvidará por un momento a Enzo.
Sabrina