Una semana. Siete días de búsqueda incesante, brutal y sin resultados.
El aire denso y salino de la costa cercana al punto donde el yate había sido interceptado se había convertido en un tormento olfativo para los hombres del clan Bianchi. Habían peinado cada kilómetro de mar y litoral. Desde el primer amanecer después de la explosión del yate, los equipos de buceo, las patrullas costeras y los drones de búsqueda habían trabajado bajo la convicción fanática de que Enzo Bianchi, su Capo, no podí