Mundo ficciónIniciar sesiónValentina De Rosa
El día que imagine mi boda, me veía a mi misma con una hermosa sonrisa en el rostro. Pero solo había sido eso, una imaginación. Porque la mujer que me devolvía la mirada en el espejo no estaba para nada feliz, ni siquiera emocionada. El vestido se ajustaba a mi cuerpo de manera elegante y dando un aire de princesa. El vestido que tanto me dediqué a perfeccionar, ahora no era más que la señal de una condena. Solo quedaban minutos para el inicio de la ceremonia, todos los invitados estaban ya ubicados, el murmullo de las conversaciones y risas se oían hasta mi habitación. Mi mano se detiene sobre la falda de mi vestido, justo por encima de mi vientre donde crecía día tras día mi bebé. Un bebé el cual no sabía su destino. No había vuelto a ver a Adrián desde anoche y eso me asustaba, solo quedaban minutos y esos minutos marcaría mi destino final y el de mi bebé. El sonido de la puerta me hace girar y siento alivio al ver a Adrián ingresando a mi habitación. —¿Cómo entraste? —Conozco este lugar, no ha cambiado en nada—responde y se acerca lo suficiente a mi. —No deberías estar aquí. —Y tú no deberías casarte con él—declara —No es tan fácil…—apartó la mirada —Lo es —No tengo otra opción, Adrián. —La tienes, aún no has caminado al altar, todavía no has dicho el “si”. Lo miro por unos segundos y luego niego sintiendo un vacío en mi pecho. —Todo esto es una maldita locura—rió sin ganas —Lo es si aceptas quedarte. —No es tan simple, Adrián, si yo no voy al altar…—me callo al tan solo pensar en dónde terminaré. Podría tolerar muchas cosas, pero nunca en aquel destino que podría darme mi padre si me negaba a esta boda. —Ven conmigo—levanto mi mirada sintiendo la esperanza renacer en mi interior—. Aún faltan unos minutos para la boda… Miro a Adrián dudando un poco. Tratando de buscar alguna señal de mentira en sus palabras. En nuestro mundo no se confiaba de cualquiera, porque a veces hasta la persona que menos lo espera te traiciona. Una vida al lado de Alessandro sería una tortura. Una tortura para mí y para mí bebé. Sobre todo para mí bebé. Sería tratado como un paria, una escoria en nuestro mundo. Y dios, si fuera una niña… Su destino sería aún peor. —¿Y esconderme para siempre? Adrian ladea su cabeza y entrecierra sus ojos. —Bueno, quizás unos meses, hasta que el bebé nazca y luego podrás tener una vida. Tendrás protección, tu y nuestro hijo. No permitiré que nada les suceda. —Bien—acepto —Nos vamos ahora Toma mi mano y juntos salimos de la habitación sin mirar atrás, sigo a Adrián por los pasillos de la mansión mientras el murmullo se los invitados cada vez se volvía más lejano. —¡Valentina!---el grito de mi madre nos hace detenernos de forma brusca. No… Mi mirada escanea todo a mi alrededor y logro ver todos los guardias que hay en cada esquina del terreno. Estábamos rodeados. No alcanzaremos a huir. Nos matarían antes de cruzar la verja de la entrada. —Es imposible—le digo a Adrián —Sacarte de aquí es llevarte a la muerte directa—añade Adrián frustrado —¡Valentina, dónde estás! Adrian me mira fijamente. —Debes de buscarme —¿Qué? —Buscame cuando sea a tiempo. —¿Dónde? —El bar, dónde todo comenzó. —Bien—asiento, sabiendo que tendría que caminar al altar y casarme con Alessandro. —No me falles, Valentina. Si en nueve meses más no se nada de ti, yo mismo vendré a buscarte. Asiento segura y el se escabulle al mismo tiempo que mi madre aparece en el pasillo. —¿Qué crees que haces?---me tomó del brazo molesta—. ¡Los invitados esperan! —Estoy lista, solo me distraje. —Vamos. Caminamos hacia el otro extremo de la mansión y al llegar a la entrada del altar, mi padre nos esperaba molesto. —Ahí estás—me da una mirada recriminatoria—. Es hora. Enroscó mi brazo con el suyo y sacó mi mayor sonrisa en el momento que la marcha nupcial dio inicio. Entramos al pasillo y veo como Alessandro sonríe orgulloso, los invitados sonríen y murmuran entre ellos. “Parece una princesa” “Una esposa digna de un De Luca” “Se ve hermosa” Llegamos a la altura de Alessandro y mi padre besa mi frente antes de entregarme a mi futuro esposo. Me coloco a su lado y Alessandro besa mi dorso. —Te ves hermosa, cariño. No respondo ante su elogio y rápidamente miró a los invitados, llevándome una decepción al no notar a Adrián entre los invitados, pero la disimuló bien en el momento que el ministro comienza la ceremonia. Está fue una de mis peores decisiones. •••••••• Las felicitaciones tras la ceremonia no tardaron en llegar, los invitados se acercaban a dar sus palabras y mencionar de manera indiscreta la esperada de un futuro De Luca. La sola mención de un hijo con Alessandro me daba náuseas. Adrián por su lado no hizo acto de presencia, lo que provocó que Alessandro se quejara con su padre respecto a ello. —Es desconsiderado invitarlo para después él decida irse antes de la ceremonia—se queja Alessandro —Dijo que tenía asuntos que atender—responde mi suegro con total tranquilidad y luego fija su mirada en mi—. ¿Por qué no bebes una copa, querida? Es tu boda después de todo y solo se tiene una vez. —No tengo muchas ganas de beber está noche—digo amablemente Mi suegro decidió no insistir en el tema y en cuestión de minutos fuimos arrastrados hacia la pista de baile. Trato de disimular mi falta de ganas de estar cerca de Alessandro. —Te ves preciosa, cariño. —Gracias—murmuró sin mirarlo —Vamos, amor, no podemos seguir así—acaricia mi cintura —Mantén tus malditas manos quietas, Alessandro—le advierto —Eres mi esposa, Valentina—su tono se endurece —Y créeme que como tú esposa, no dudaría en clavar el tacón de mi zapato en uno de tus ojos. —Será mejor que cambies esa actitud tuya, sino ambos tendremos serios problemas—me advierte molesto, ejerciendo presión en mi cintura. —Y será mejor que te mantengas alejado de mí, sino seré yo quien te cause problemas a ti—le dejó en claro, sin darle el favor que me intimide—. Tu por tu lado y yo por el mío. Al término de la música, me excuso con las ganas de ir al baño para poder alejarme de mi ahora esposo. En el momento que llegó a la barra y pido una copa de jugo de frambuesa, Camila se instala a mi lado. —¿Cómo vas a hacerlo? —Ya tengo un plan, solo necesito un poco de tiempo—respondo —¿Qué harás? —Por está vez no puedo decir nada, Camila. Lo siento. —Lo entiendo, sea lo que hagas, tienes mi apoyo. ••••••••• Entró agotada a la habitación que se nos había asignado está noche en el hotel que contrató Alessandro. Él venía un poco ebrio para ser sincera y aquella pequeña disputa que tuvimos en el baile se le olvidó por completo. Me quito los tacones y miró la cama king que había en el centro de la habitación, aún costado había un sofá. Podría dormir en el sofá… Me tense de golpe cuando las manos de Alessandro se colocan en mi cintura y su boca recae en la curva de mi cuello. Oh no, eso no iba a suceder. —¿Qué crees que haces?---me zafo de su agarre alejándome de él —¿Qué hago? Es nuestra noche de bodas cariño—sonríe acercándose—. Tenemos que consumar el matrimonio. —Ni siquiera lo pienses, no voy a acostarme contigo. —¡Eres mi esposa!---alza la voz —¡Si quieres follar, vete con tus amantes, a mi me dejas en paz! —Llegará el día en que dejes de ser tan malditamente orgullosa. —Esto no es orgullo, es dignidad—recalcó—. ¿En verdad piensas que me acostaré contigo, sabiendo que te has acostado con quién sabe cuanta mujer que has podido encontrar en estos meses? —Otra vez con eso—bufa—. Ya olvídalo mujer. —No pienso olvidarlo y aunque lo hiciera, no volveré a acostarme contigo en mi maldita vida. —Un día lo harás, eres mi esposa y debemos tener hijos. —Si, tendremos hijos, pero lo haremos a mi manera. —Ni creas que permitiré eso—brama molesto —Pues comienza a hacerte la idea, Alessandro, porque es eso o deberás buscar hijos en otra mujer. Alessandro suelta una risa y niega. —Cree y piensa lo que quieras, Valentina, pero de todas formas al final del día eres mi esposa, llevas mi apellido y mi anillo en tu dedo. Eres mía hasta tu último suspiro. —Y aún así, siendo tu esposa, no tienes control sobre mi. —No me subestimes, Valentina. Y así sin más, entra al baño dando un portazo que resonó en la habitación. Suelto un suspiro y agarro la pijama que había traído en mi pequeño bolso el cual contenía una muda de ropa para esta noche y mañana por la mañana. Esto iba a ser jodidamente eterno






