Capitulo 3

Adrián Volkov

En el momento que abrí los ojos, pude sentir el aroma a sexo y aquel perfume avainillado que me acompañó toda la noche. Miro a mi lado y lo encuentro vacío, frunzo el ceño y agudizó mi oído tratando de localizar algún ruido en el interior de mi habitación, pero nada.

El vestido y tacones de Valentina ya no estaban por la habitación. Suelto una leve risa. Bien, era la primera vez que una mujer se iba sin despedir. Siempre había una primera vez para todo, ¿No?.

Me levanto de la cama y caminó desnudo al baño de mi habitación, cepillo mis dientes y lavo mi rostro, enciendo la regadera y me doy una ducha rápida. Al momento de salir del baño, una nota capta mi atención y me acerco para leerla.

Gracias por los orgasmos ;)

V.

Niego mientras guardaba la nota en mi mesa de noche y relamo mis labios mientras veía a mi alrededor. La habitación estaba hecha un desastre. No solo la había follado en la cama, sino también sobre la alfombra, el sofá, contra el ventanal con la vista a la ciudad, en la encimera del baño y para finalizar la ducha.

Había sido una gran noche, de eso no había duda.

Pero era una gran decepción que solo fue por una noche.

•••••••

Valentina De Rosa

—No haré preguntas—sonrie Camila al verme entrar en la habitación que nos estábamos alojando—tu cara ya lo delata todo.

Niego con una leve sonrisa mientras arrojaba los tacones sobre mi maleta que estaba abierta en una esquina de la habitación.

—Solo preguntaré una sola cosa.

—¿No era sin preguntas?---enarco una ceja

—¿Qué tal fue?

¿Qué tal fue? Joder, había sido la mejor noche de mi maldita vida.

Si tuviera la oportunidad de repetirlo, no dudaría en hacerlo.

—Bien, no me contestes, tu sonrisa lo dice todo—ríe Camila

—¿Qué tal tu noche?

—Nada muy interesante, el chico prometía mucho y hacía poco.

—Mhm, que mal.

Conecto mi celular a cargar y busco ropa cómoda en mi maleta. Durante la madrugada íbamos a viajar de vuelta a Chicago y necesitaba descansar un par de horas antes de tener que afrontar mi realidad.

—¿Qué tal la tenía?

Rio mientras tomaba unos leggins con una camiseta de tirantes.

—La verdad es que no solo tenía un muy buen miembro, sino que también sabía lo que hacía.

—¡Joder mujer que maldita envidia!---rie Camila mientras se deja caer en su cama—. ¿Al menos tienes su número?

—Solo fue una noche, Cam.

—¡Por dios, Valentina! Hombres así no se dejan así como así.

Niego mientras entraba al baño y enciendo la regadera para poder darme una ducha. Me desvisto y veo todo mi cuerpo marcado por los besos de Adrián. Muerdo mi labio inferior y me crítico mentalmente por no haber anotado mi número en la notita que deje antes de marcharme.

Pero, todo sucede por algo, también.

••••••••

A las primeras horas de la mañana, aterrizamos en Chicago. Suspiro mientras tomaba mi bolso y me colocaba unos lentes de sol. Tenía un nudo en mi estómago. No sabía a lo que tenía que enfrentarme.

Había ignorado cada llamada y mensaje de mis padres, pero sobre todo de Alessandro.

No entendía como aún tenía el descaro de llamarme después de todo lo que estado haciendo estos meses.

Al momento de bajar del avión, veo a lo lejos a mi familia esperándome. Miro a Camila y ella hace una mueca.

—Hablamos más tarde—le doy una breve sonrisa.m

Camino a paso decidido hacia mi familia.

Mi madre, Carlotta De Rosa, vestida de un elegante traje formal hecho a la medida, peinada perfectamente sin ningún mechón de su cabello estorbando en su vista. Sus ojos azules, fríos como un maldito cubo de hielo, me analizaba de pies a cabeza.

Mi madre no era la típica madre amorosa y tuve eso claro desde que era una niña. Los primeros años, siempre lloraba ante su falta de cariño, siempre ví a las madres de mis amigos ser sumamente cariñosos con ella, pero la mía era una fría arpía que solo le importaba la reputación de mi familia.

Pero mi padre era aún peor.

Richard De Rosa, vestido con sus casuales trajes formales, vestido como si fuera a una importante reunión de trabajo, me analizaba con esa mirada fría y oscura que tenía. Sus ojos eran oscuros como la noche. Su cabello pelinegro perfectamente peinado.

Mi padre solo le importaba los negocios y que la familia se mantuviera a flote con cada decisión tomada, su típica frase es “por el bienestar de la familia”. El nunca estuvo presente en mi infancia, siempre prefería ir de viaje de negocios por meses y volver a fechas importantes, así que, no tenía demasiados recuerdos con él.

Si, mi vida podía verse perfecta desde afuera, pero tras las puertas de la Mansión De Rosa, todo era completamente diferente.

—Padre—asiento hacia él como saludo—. Madre—miró a la mujer que me trajo al mundo.

—Finalmente vuelves—habla mi madre de forma sería

—Necesitaba aire fresco.

—Sube al auto, Valentina. Hablaremos en casa—ordena mi padre

Respiro profundamente y caminó tras de ellos, siguiéndolos hacia la camioneta que nos esperaba a unos cuantos metros de distancia. Mi equipaje es colocado en la maletera del auto y finalmente partimos hacia la Mansión De Rosa.

El trayecto es silencioso, ninguno de los tres se esfuerza por establecer una conversación con el otro.

En el momento que llegamos a la mansión, caminamos al interior de esta y nos dirigimos a la sala, dónde mi hermano menor, Matteo, de tan solo quince años, estaba revisando su celular con total aburrimiento. En el momento que nos oyó entrar a la sala, levanto la mirada y enarca una ceja con diversión.

—Vaya, la prometida fugitiva se ha dignado aparecer—se burla Matteo

—Cierra la boca—le ordenó

—Vete a tu cuarto, Matteo—ordena mi madre sin darle una mirada

—Como si no supiera lo que van a hablar—bufa Matteo

—Obedece a tu madre, Matteo—habla mi padre molestó

Matteo vuelve a buscar, pero está vez acata la orden y sube de manera perezosa a su cuarto. En el momento que se escuchó el clic de su puerta, mi padre me lanzó una mirada fría y llena de molestia.

—Espero que tengas una buena explicación sobre tu ruptura de compromiso con Alessandro—espeta molestó

—Lo encontré con otra en la cama, ¿Que esperabas que hiciera?

—Que patético—bufa mi padre y enarco una ceja—. ¡Siempre haces drama por todo!

—¡No voy a permitir eso!---alzo la voz

—Tu solamente debes de casarte con el, lo que Alessandro haga o no es su problema—habla mi padre

—¿Permites que Alessandro engañe a tu propia hija?

—¿Acaso sabes lo que provocarías al cancelar la maldita boda a menos de dos meses?---se acerca a mi

—Claro—rio sin ganas—la reputación de esta familia es más importante, ¿No?, pues dejame decirte que Alessandro se ha encargado de manchar la reputación que tanto ustedes han cuidado.

—Lo que haga o no Alessandro no debe porque importante, serás su esposa.

—Iba a ser su esposa—determinó mirando a mi madre.

—Serás su esposa—declaró mi padre dejándome anonadada—. No vas a cancelar el compromiso, Valentina. La boda sigue en pie.

—¡No puedes permitir tal humillación! —grito

—Alessandro dijo que no iba a volver a suceder—habla mi madre

—¿Estás permitiendo esto?---la miro ofendida

—Es lo mejor para nuestra familia, Valentina.

—Claro, la familia, siempre la reputación de la familia antes que todo, ¿No? Pues déjenme decirles una cosa, me niego a casarme con él.

—No te estamos dando opciones, Valentina—habla mi padre—. Vas a hacerlo, te guste o no.

—¡Me niego!

—¡Entonces me veré en la obligación de desheredarte!---me grita dejándome callada—. No permitiré que humilles a nuestro futuro capo solo por un error momentáneo. Sabes lo que le sucede a las mujeres desheredadas.

Y claro que lo sabía.

Las mujeres desheredadas de la organización no eran expulsadas de la organización como tal, sino más bien eran entregadas a los prostíbulos bajo el mando del clan y eran forzadas a convertirse en prostitutas. Un castigo de por vida que te dejaba en constante humillación. No solo te olvidabas de tu familia y todos los lujos, sino también debías de ver todo desde una perspectiva totalmente humillante.

Tuve amigas que fueron desheredadas, mujeres las cuales al día de hoy viven en un prostíbulo y siendo un vil juguete para los hombres de nuestra organización.

M****a.

No podía terminar ahí.

Ese era el peor destino para una mujer de nuestro mundo.

—No serías capaz—murmuro, mi voz tiembla

—No me retes, Valentina—la determinación en su tono de voz me dejaba claro que no estaba bromeando.

Para mí padre no era más que un cambio. Yo no le servía más que para realizar negocios que podían ayudarle a futuro, porque quien en verdad iba a heredar todo, era mi hermano Matteo. Él sería el siguiente en la línea de sucesión, no yo por más que era la primogénita de esta familia.

Y si es que se podía llamar familia.

Porque ni siquiera éramos una.

—Ahora mismo, vas a volver a tu penthouse que compartes con Alessandro y si me entero que no llegaste, yo mismo te buscare por toda la maldita ciudad y me encargaré de que llegues a tu nuevo hogar, Valentina. Piensa bien lo que vas a hacer.

Y así sin más, mi padre abandona la sala dejándome con mi madre. Las lágrimas amenazan con salir y deslizarse por mis mejillas, pero me trago el nudo de mi garganta.

—Vete con tu futuro marido—habla mi madre

—No porque tú toleres las constantes infidelidades de mi padre, yo voy a tolerar las de Alessandro—suelto el veneno y finalmente emprendo marcha hacia mi nueva cárcel.

Bien, iba a casarme, pero si Alessandro iba a verse con otras mujeres, yo tenía el mismo derecho, ¿No?.

Pero de lo que sí estaba segura, era que Alessandro jamás iba a tocarme un maldito pelo. Y no me importaba lo mucho que tendría que luchar para ello.

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