Mundo ficciónIniciar sesiónValentina De Luca
Un mes y medio después Han pasado ya seis semanas desde la boda. Seis semanas en donde cada día busco la forma de poder huir a Las Vegas. No era fácil, ya que siempre que sentía que tenía el día perfecto para huir, por alguna razón tenía que asistir algún evento social o alguna cosa por estilo que impedía mi huia. Tenía diez semanas de embarazo. Dos meses y medio. Había asistido a mi primer control médico bajo el nombre de Alexandra Stevens en una clínica al otro lado de la ciudad un día que iba a “visitar” a Camila. Ahora mismo me encontraba organizando una fiesta, la primera fiesta que íbamos a dar como esposos Alessandro y yo. Sería dentro de tres semanas más y estaba revisando que las invitaciones estuvieran en orden. Un fuerte portazo me hace levantar la mirada de la lista de invitados y Alessandro aparece furioso en mi campo de vista. Lanza en la mesa de centro, dónde reposaba mi libreta con el nombre de las familias que estaban consideradas para la fiesta y un montón de invitaciones, una carpeta que reconocí perfectamente. La carpeta de la clínica. Ya lo sabía. —¿Qué significa esto, Valentina? Miro la carpeta tratando de que los nervios y el pánico no me inunden. —¿Ahora revisas mis cosas? Bien, si, no era una buena idea haber dicho eso. —Quiero creer que esto no es tuyo, pero dada tu calma y el haber encontrado esto bajo tu lavado—golpea la mesa dejando las dos pruebas de embarazo positivas—me lo confirma todo. Se instala un silencio entre nosotros y yo lo miro fijamente. —Estás embarazada—me señala furioso y yo solo me quedo callada—. ¡Eres una zorra! ¡Le faltaste el respeto a nuestro matrimonio! —¿Yo le falté el respeto?---me coloco de pie—. Tu me faltaste el respeto a mi y nuestro compromiso desde hace meses, Alessandro. —¡Pero yo no embarace a nadie! Suelto una risa y lo miró sin creer lo que decía. —¿Y eso te hace más santo, Alessandro? Yo no te engañe, pero tú a mí sí. —¿Y cómo carajos tienes a ese bastardo en tu vientre? —Fue en mi viaje a Las Vegas, cuando tú y yo habíamos roto. —Nunca terminamos, Valentina—avanza hacia mí y me tomó del brazo con fuerza—. ¿Quién carajo es el padre de ese bastardo? —No llames bastardo a mi hijo —¡Tu deber es tener hijos conmigo, no con otro hombre! —me zarandea —¡Suéltame! —¿¡Quién es el padre!? —¡No te lo diré! —¡Dímelo, ahora! —¡El día que te mueras vas a saberlo! —¿¡Quién es!? —¡Que me sueltes, joder! Trato de zafarme de su agarre, pero Alessandro es más fuerte y sin antes haberlo podido ver, su puño se estrelló cerca de mi ojo en un golpe seco. El dolor sordo me noquea por un minuto, dejándome en shock ante su arrebato. Me había golpeado. —¿Quién. Es. El. Padre? —No te lo diré—susurro sintiendo como parte de mi rostro se adormece ante el dolor Un nuevo golpe llega está vez en mi labio y saboreo el sabor metálico de la sangre. Mi labio palpitó y miró a Alessandro, tratando de entender en qué se había convertido. Nunca antes Alessandro me había levantado la mano, por muy furioso que estuviera conmigo o con el mundo. Podía gritar, si, estaba acostumbrada a eso, pero jamás me había levantado la mano. ¿Siempre había sido así o solo es la rabia que sentía? —Vas a decirme quién es el padre de ese bastardo, si no quieres que te lo saque a golpes. —No te lo diré —Tienes hasta mañana para decirme quién es el padre de ese bastardo—me señala apretando aún más su agarre en mi brazo y ahogó el quejido de dolor—. Y ni siquiera pienses que voy a criar al hijo de otro. —No voy a abortar—declaró —No te estoy dando opciones de querer o no—agarra mi mentón clavando sus dedos en mi piel, pero no bajo la mirada—. Ahora, vas a buscar una puta clínica privada para sacarte ese bastardo del vientre o yo mismo te lo sacaré a patadas. Piensa bien lo que vas a decidir. Me suelta de golpe provocando que me tambalee y veo como se marcha furioso del penthouse dejándome sola. Un suspiro entrecortado abandona mis pulmones y coloco mi mano sobre mi vientre. Tenía que huir. Y sería esta misma noche. Porque si me quedaba tan solo una noche más, quizás no iba a poder sobrevivir a la irá de Alessandro. ••••••• El silencio inundaba el penthouse. Alessandro había vuelto hace dos horas atrás y se había encerrado en su habitación, pero no me preocupaba en lo más mínimo. Había llegado ebrio, más ebrio de lo normal, así que, iba a estar en un profundo sueño por unas largas horas. En solo diez minutos más, se iba a realizar el cambio de turno y tendría solo quince minutos para abandonar el edificio y poder llegar al aeropuerto donde el jet privado de la familia de Camila me estaba esperando para llevarme a Las Vegas. Guardo lo necesario en mi bolso, la carpeta con el informe de mi embarazo, celular, documentos y artículos personales más necesarios. Tenía que hacerlo. Sabía que mañana, apenas Alessandro recuperará la consciencia, iba a arrástrame a una clínica para abortar o quizás él mismo me haría abortar con tal de no generar rumores en la Élite de la organización. Esto iba a perjudicar a mi familia y quizás a la de Camila por cubrirme en mi huida, pero necesitaba huir de este lugar. No podía quedarme un solo segundo más. En el momento que faltaba un minuto para el cambio de turno, dejó el anillo de compromiso y boda sobre la cama y abandonó mi habitación en silencio. Camino a la entrada y en el momento que oigo pasos alejándose, es cuando abro la puerta y abandonó el penthouse. Bajo por las escaleras de emergencia con rapidez hasta llegar al lobby del edificio, abandonó el lugar por la salida de emergencia y caminó por el callejón hasta salir a la avenida trasera. Camino calle abajo y en el momento que estoy lo suficientemente lejos, marco a un Uber y espero a que pase a recogerme. En el momento que me subo al auto, lanzo mi celular y dejo que me lleve hasta el aeropuerto. En la entrada, mencionó el apellido de la familia de Camila y me dirigen hacia la pista privada. Veo a lo lejos el jet privado y subo rápidamente. Dentro, me encuentro a Camila sentada en uno de los cómodos asientos del jet. —¿Qué haces aquí? No quiero involucrarte más —No pienso abandonarte, Valentina—declara segura—. Eres mi mejor amiga, si tú te vas, yo voy contigo. —¿Y tú familia? —Pueden irse al carajo. La puerta del jet se cierra y la azafata nos pide tomar asiento. Me acomodo a su lado y suelto un suspiro mientras colocaba una mano en mi vientre. Camila toma mi mentón con suavidad e inspecciona mis recientes golpes. —Es un hijo de puta—murmura —No importa, él ya no forma parte de mi vida. —Llegaremos a la ciudad de Las Vegas cerca de las cuatro de la madrugada—nos avisa la azafata —¿Sabes dónde llegar, verdad?---pregunta Camila —Si, se donde debemos de ir. •••••••• Apenas aterrizamos en el suelo de la ciudad de Las Vegas, tomamos un taxi e indique el bar donde conocí a Adrián. Muevo constantemente mi pierna, haciéndole rebotar mientras veía la ciudad a través de la ventana. ¿Que pasaría si está noche Adrián no estaba ahí? ¿Cómo me contactará con él? No tenía ni celular ni su número telefónico. —¿Tiraste tu teléfono?---le pregunto a mi mejor amiga —Si—asiente tranquila En el momento que nos detenemos frente al bar, suelto un suspiro y salimos del auto luego de pagar el viaje. Camino a la entrada y el guardia enarca una ceja al verme. —Estamos cerrando —Necesito buscar a alguien. —¿Nombre? —Adrian Volkov—respondo Camila me mira sin creer lo que decía y el guardia duda ante de dejarme pasar. Le indica a otro hombre que buscaba a Adrián y este se pierde por el local. —Tienes que explicarme todo—me susurra Camila —Lo prometo, solo dejame solucionar esto. Un minuto después, veo a Adrián acercarse rápidamente y totalmente molesto. Se detiene frente a mi y su mirada me inspecciona, pero se detiene en mi labio partido y el hematoma que se formaba alrededor de mi ojo derecho. —¿Quién fue?---exige saber —Alessandro, él lo sabe—respondo —¿Todo? —No sabe que eres el padre del bebé, pero sabe que mi hijo no es suyo. Adrian se voltea a ver a los dos hombres que lo acompañaban, uno de ellos veía con interés a Camila. —Ordenen un ataque directo a Chicago, que destrocen todo antes del amanecer. Ambos hombres asienten y desaparecen de nuestra vista. —¿Por qué? —Porque nadie toca a mi mujer y a la madre de mi hijo.






