Mundo ficciónIniciar sesión—Me acosté con el prometido de mi hermana gemela… y ahora estoy embarazada de su hijo. Aria Stone solo quería una cosa: escapar del mundo glamuroso y tóxico de su hermana. Pero un error—una noche en un baile de máscaras—lo destruye todo. Porque el hombre con el que pasó la noche… el frío e increíblemente atractivo CEO multimillonario… es el prometido de su hermana gemela. Y cuando dos líneas aparecen en la prueba de embarazo, su pesadilla se convierte en un escándalo a punto de estallar. Noah West, el intocable magnate de los videojuegos, se niega a dejarla desaparecer. Quiere al bebé. La quiere a ella a salvo. La quiere cerca. Pero cuanto más la protege, más peligroso se vuelve todo— rivales celosos, una hermana furiosa, una identidad secreta en línea y un amor prohibido que crece demasiado rápido para controlarlo. Se suponía que debía casarse con su hermana. Entonces, ¿por qué actúa como si Aria le perteneciera? Y cuando su secreto salga a la luz… todo el mundo tomará partido. Un CEO multimillonario. Un embarazo prohibido. Dos gemelas. Un secreto explosivo.
Leer másDebí decir que no. Pero con Sienna, eso siempre era imposible.
Eran las dos de la mañana. Miré mis monitores en la oscuridad del apartamento. Las líneas de código C++ pasaban rápido. Era la base de mi nuevo videojuego. Llevaba doce horas sentada. Me dolía la espalda y tenía los ojos secos.
Solo un error más, pensé. Un parche de seguridad y estará listo.
Mi teléfono vibró en el escritorio. Lo ignoré.
Vibró tres veces más. Suspiré y lo tomé. La pantalla se iluminó con una notificación de I*******m que ya se había vuelto viral.
@SiennaStoneOficial: ¡Dije que SÍ! #FuturaSeñoraCross #Amor #EsposaDeMultimillonario
Miré la foto. Era mi hermana gemela, Sienna. Tenía el cabello rubio peinado y la piel impecable. En su dedo anular llevaba un diamante enorme. Un anillo que costaba más que mi edificio. A su lado, Marcus Cross sonreía.
Mi estómago se contrajo. No sentía celos. Ni siquiera conocía a Marcus. Era la injusticia de siempre. La diferencia abismal entre nosotras. Yo era la hermana Stone que no importaba.
Ese mismo día, yo había ganado el Premio de Oro en la Exhibición Indie por mi juego. Era el mayor logro de mi carrera.
Revisé mis mensajes. Ningún mensaje de mis padres. Cero felicitaciones de Sienna.
Para mi familia, mi trabajo no era real. Yo era la rebelde que rechazó la empresa familiar para "jugar en la computadora". Sienna era la hija perfecta, la influencer que se iba a casar con un magnate para asegurar el futuro de los Stone.
Mi teléfono volvió a sonar. Mostraba el nombre de SIENNA.
Contesté, sosteniendo el aparato con el hombro para seguir tecleando.
—¿Viste mi publicación? —preguntó Sienna. Su voz sonaba muy aguda.
—La vi —respondí—. Felicidades, Sienna. El anillo es muy grande.
—¿Verdad que sí? Es un diamante de cinco quilates. Marcus es increíble. Me lo propuso en el restaurante más caro de la ciudad. Es el director financiero de NeXus Gaming. ¿Los conoces? Tú haces jueguitos de video, ¿no?
Apreté los dientes. —Todo el mundo conoce NeXus, Sienna. Son el titán mundial en software.
—¡Genial! Así no te aburrirás en mi fiesta de compromiso. Vas a tener personas con las que hablar.
—No puedo ir —dije firme—. Tengo una entrega final de mi proyecto el lunes. Los servidores tienen que estar listos.
—Aria, no empieces —el tono dulce desapareció. Su voz se volvió fría y autoritaria—. Mamá y papá ya están preguntando por qué no has publicado nada para felicitarme. Tienes que venir el sábado.
—Estoy trabajando, Sienna. Mi juego ganó un premio hoy, por si te interesa. No tengo tiempo.
—Felicidades por tu premio, pero esto es la vida real —respondió ella con impaciencia—. Es un baile de máscaras en el hotel Ritz. Ya te compré un vestido a tu medida y una máscara. Llegan mañana.
—¿No me escuchaste? Tengo que terminar este código...
—Aria, eres mi gemela. Si no vas a mi fiesta, la prensa inventará rumores de que nos odiamos. Los inversores de papá odian los escándalos. Me arruinarás el evento. Tienes que ir para la foto familiar oficial.
Me pasé una mano por el cabello. —¿Solo te importa tu imagen en los medios?
—Me importa mi marca personal y el negocio familiar —respondió sin culpa—. Este matrimonio es una alianza estratégica. Además —Sienna bajó la voz—, Marcus invitará a su socio principal. Noah West. ¿Lo conoces?
Mi corazón dio un salto. —¿Noah West estará ahí?
Noah West era el CEO absoluto de NeXus. El mejor programador de la década. Un hombre que se hizo multimillonario a los veinte años. Yo llevaba años estudiando su código base.
—Sí, irá —continuó Sienna—. Marcus dice que es un genio que dejó el MIT. No le gustan las fiestas, pero Marcus lo convenció. Como te gustan tanto las computadoras, pensé que querrías conocerlo.
—Noah West nunca va a eventos sociales. Odia a la prensa.
—Es el mejor amigo de Marcus. Va por él. Entonces, ¿vienes o no? Si te portas bien, le diré a Marcus que te lo presente. Tal vez te dé un trabajo real en su empresa para que dejes esos juegos independientes que no dan dinero.
Miré mi pantalla llena de código. Miré mi apartamento vacío. La oportunidad de conocer a Noah West, de hablar con la mente detrás de NeXus, era demasiado tentadora.
—Iré —dije por fin.
—Perfecto. Intenta verte presentable. Nos vemos el sábado. Adiós.
Colgó sin esperar mi respuesta.
El silencio regresó a la habitación. Tiré el teléfono y abrí I*******m en mi computadora. Busqué la foto de compromiso de Sienna.
Hice zoom en la imagen de alta resolución. Detrás de Marcus y Sienna, el fondo estaba desenfocado. Pero había un hombre de pie cerca de la ventana.
Lo amplié al máximo. Llevaba un traje oscuro de corte impecable, sin corbata. Tenía el cabello negro y revuelto. No miraba a la cámara. Miraba la pantalla de su propio teléfono con el ceño fruncido, totalmente concentrado.
Noah West.
No parecía encajar en absoluto en ese mundo superficial de lujos. Se veía extremadamente incómodo y fuera de lugar. Parecía un hombre que preferiría estar solo en una sala de servidores.
Tracé su rostro en el monitor con mi dedo índice. Tenía una presencia dominante.
"Nos vemos el sábado, Noah West", susurré en la habitación vacía.
No tenía idea de lo que iba a pasar esa noche.
No sabía que ese hombre callado y vestido de negro iba a cambiar mi vida por completo. No sabía que, en solo una semana, me quitaría la máscara, me arrinconaría contra la pared y terminaría en su cama, rompiendo todas mis reglas sobre el amor.
Y definitivamente no sabía que, nueve meses después de esa fiesta, estaría embarazada de él... atrapada en el medio de una guerra directa, fría y despiadada contra mi propia hermana gemela.
—Se me acaba de romper la fuente —susurró Aria.Esas palabras me golpearon con más fuerza que cualquier veredicto legal o espionaje corporativo. Me quedé paralizado por un milisegundo, el tiempo exacto en que mi cerebro procesó la información: Líquido. Parto. Bebé. Ahora.Entonces, mi instinto de protección tomó el mando.—Está bien —dije, y mi voz sonó sorprendentemente estable en el silencioso ático—. Todo está bien. Maleta. Coche. Doctora.Arrojé las mantas a un lado. No me molesté en buscar un traje; me puse unos jeans y una camiseta con una rapidez frenética. Mis manos se movían de forma automática, desconectadas de mi mente.Aria seguía sentada en el borde de la cama, inmóvil. Miró el charco en el suelo y luego me miró a mí. Sus ojos eran dos pozos oscuros de asombro mezclado con un miedo evidente.—Noah —dijo con la voz temblorosa—. Ya viene. Va a nacer esta noche.—Así es —respondí, agarrando la maleta del hospital que habíamos preparado y revisado tres veces—. Y estamos listo
El tribunal federal olía a cera de suelo y a decisiones irreversibles. Era un aroma que, a partir de ahora, asociaría siempre con el desmantelamiento de mi familia.Me senté en la segunda fila, apoyando las manos sobre la inmensa curva de mi vientre. Con treinta y ocho semanas de embarazo, estar en un banco de madera era una tortura física, pero no habría estado en ningún otro lugar. Noah estaba a mi lado, con su muslo presionando el mío, actuando como un ancla sólida en una sala que parecía inclinarse.—Todos de pie —anunció el alguacil.El juez Hawthorne entró. Era un hombre mayor con el rostro tallado en granito y ojos que habían visto a demasiadas personas arruinar sus vidas por dinero o orgullo. Miró hacia la mesa de la defensa.Sienna se puso de pie.No llevaba la armadura de diseñador que solía usar para la batalla. Vestía un sencillo vestido azul marino y zapatos planos. Su cabello estaba recogido en una coleta baja. Sin el maquillaje, sin los diamantes y sin esa mueca de supe
La sala de conferencias de la fiscalía apestaba a café rancio y traición. Sobre la mesa de metal ya no había diseños de código ni arquitectura de software, sino el cadáver de nuestra familia: informes forenses digitales, transferencias bancarias a las Islas Caimán y testimonios incriminatorios.—El caso es hermético —aseguró el fiscal principal, golpeando la pila de documentos—. Tenemos la cadena de custodia de los datos y las transferencias. Según la ley federal, a Sienna le esperan de cinco a diez años en prisión por espionaje corporativo y fraude.A mi lado, Noah me tomó de la mano con firmeza. Marcus, frente a nosotros, mantenía una expresión de piedra. Su devastación se había transformado en una resolución sombría.—Sin embargo —continuó el fiscal, recostándose en su silla—, su abogado ofreció un trato.—Lo escuchamos —intervino Benjamin Ross, nuestro abogado.—Dos años de libertad condicional. Restitución total de los fondos. Quinientas horas de servicio comunitario. Y... —hizo
El despacho de la fiscalía era asfixiante, gris y sin ventanas. Era el polo opuesto a las lujosas paredes de cristal de NeXus.—Tenemos que ir más atrás —dijo la fiscal Miller, golpeando su bolígrafo contra un bloc de notas—. Más atrás del baile de máscaras. Más atrás del robo de datos.Me removí en la silla, tratando de acomodar mi cuerpo de ocho meses de embarazo. Mi espalda era un nudo de dolor constante, un eco sordo de la ansiedad que me oprimía el pecho.—¿Qué tan atrás? —pregunté.—A la infancia. Para probar que esto no fue un impulso o desesperación económica, sino un intento calculado de destruirte. Necesitamos establecer un patrón.Miré a Noah. Estaba sentado a mi lado, con la mano firme en el respaldo de mi silla. Sabía que estaba listo para pelear contra todo el sistema judicial si yo se lo pedía.—¿Es necesario? —susurré—. ¿Es relevante?—Establece el motivo —insistió Miller con suavidad—. La defensa dirá que Sienna estaba bajo presión o que fue un error de juicio. Debemo
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