El salón de baile del hotel Grandeur era un despliegue de lujo obsceno. Todos llevaban máscaras y trajes caros de diseñador. La élite de la ciudad se movía en un remolino de secretos y mentiras.Al cruzar las puertas de caoba, abandoné mi propia vida. Detrás de la rígida máscara de encaje negro, ya no era Aria, la programadora invisible. Sentí las miradas de los invitados recorrer el vestido de seda negra que Sienna me había obligado a usar. Por primera vez en mi vida, no quise esconderme. Me sentí poderosa.—¿Champán? —ofreció un mesero.—Por favor —dije, bajando el tono de mi voz para imitar el acento de Sienna. Tomé una copa y di un trago largo, rompiendo la dieta estricta de mi hermana. El alcohol me dio valor.Escaneé la habitación. Encontré a Marcus casi de inmediato. Estaba riéndose con un grupo de banqueros, interpretando a la perfección el papel del director financiero exitoso y el prometido enamorado.Mantente alejada de él, me había advertido Sienna.Era una orden extraña,
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