Alexander
El reloj marcó la hora exacta. La tensión se podía cortar en el aire, pero sabía que ese momento llegaría. Había llegado la hora de poner a prueba mi confianza en los hombres que trabajaban para mí, y descubrir si realmente eran leales o si algunos de ellos se habían vendido. El robo de mercancía que habíamos estado vigilando durante semanas no era un simple error o un accidente. Era una traición, y no pensaba dejar que aquellos que se atrevieron a traicionarme salieran impunes.
—Señ