Bianca
Alexandra y yo observábamos en silencio cómo Alexander y Dean se alejaban de la residencia. Sentía un nudo en el estómago, y aunque trataba de mantener la compostura, el miedo me invadía. Me preguntaba si su madre se sentiría igual si estuviera aquí, pero Alexander había preferido evitarle esa angustia. Lo entendía, pero yo no podía evitar preocuparme.
Alexandra debió notar mi tensión porque, sin decir nada, colocó sus manos sobre mis hombros y luego me abrazó con ternura.
—Él va a estar