Bianca.
Había llegado el momento de hacer mi viaje. Estaba esperando a Alexander, quien insistió rotundamente en que no manejara mi coche. No sé si lo hacía por protegerme o porque simplemente quería tenerme pegado a él, venía acompañado de un guardaespaldas y su chófer.
Con las manos sobre mi vientre, le hablé a mi pequeño con una sonrisa boba.
—Tu papá está loco, pero es adorable.
Media hora después, escuché el rechinar de los frenos del coche de Alexander. Mi abuela se acercó tras terminar s