Cordelia
Desperté con un sobresalto, la respiración agitada, el corazón golpeándome las costillas como si quisiera huir. Por un segundo… creí que todo había sido una ilusión. Que seguía encerrada en esa celda maldita, rodeada de piedra y oscuridad, esperando la próxima tortura. Esperando morir.
Pero no. No olía a sangre. Olía a madera, a polvo viejo… y a él.
Zeiren.
Me incorporé bruscamente, los ojos abiertos de par en par. Todo seguía demasiado oscuro. Demasiado... sereno.
—¿Cordelia? —murmur