Capítulo 47: Secuestro

Cordelia

El calor de su cuerpo seguía pegado al mío.

El aire olía a piel, a deseo satisfecho y a paz. La cabeza de Zeiren reposaba sobre mi pecho, su respiración cálida y pausada rozando mi piel.

Mis dedos jugaban distraídamente con su cabello.

—¿Sabes que deberíamos comer algo, no? —murmuré, sin muchas ganas de romper el momento.

—Ya comí —respondió él, con esa voz ronca que le quedaba después de hacerme suya.

Me reí bajito, acariciándole la nuca.

—Me refería a comida de verdad. La que no inc
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