El salón de reuniones del piso ejecutivo estaba iluminado por una luz blanca y nítida que caía desde las lámparas empotradas en el techo. La larga mesa de madera oscura ya estaba rodeada por directores, editores y jefes de área, cada uno con su taza de café y su carpeta de notas. El murmullo previo a la reunión se silenció de golpe cuando la puerta se abrió.
Thomas Kan entró con paso firme.
Su presencia llenó la sala como siempre —imponente, controlada, calculada— y detrás de él, con una carpeta gruesa en brazos y el cabello recogido de manera impecable, caminaba Daniela Cruz.
Algunos intercambiaron miradas entre curiosas y sorprendidas; otros, como Laura Kan, simplemente entornaron los ojos sin decir una palabra.
Thomas se ubicó al frente, apoyó ambas manos sobre la mesa y dejó que la sala respirara un segundo antes de hablar.
—Buenos días —comenzó con voz profunda—. Vamos a revisar el lanzamiento de las dos nuevas revistas de la línea Kan Media. Quiero que todo quede claro desde ah