Daniela se despertó primero, el calor del amanecer filtrándose entre las cortinas. Thomas seguía dormido, su brazo pesado alrededor de su cintura, su respiración profunda y regular contra su espalda. Se quedó quieta, disfrutando el momento de intimidad, observando cómo la luz del nuevo día jugaba con las cicatrices en su torso. Cada marca contaba una historia, y ahora ella era parte de ellas.
Con cuidado, giró para enfrentarlo, pasando los dedos por su barba incipiente. Thomas arrugó el ceño en