Cuando llegaron a la habitación del hotel, el silencio se les vino encima como una losa. Apenas la puerta se cerró a sus espaldas, Thomas sintió un calor sofocante, denso, casi irreal. El aire parecía faltarle. Se llevó una mano al cuello, respiró hondo, pero no mejoró. Al contrario. Todo empeoró.
La habitación estaba apenas iluminada por las luces de la ciudad que entraban por los ventanales, y cada vez que sus ojos se cruzaban con la figura de Daniela, ese fuego interno se intensificaba.
Thom