La noche había caído sobre la mansión Kan, extendiendo sombras largas sobre la entrada principal. El aire olía a césped húmedo y a la mezcla tenue de gasolina proveniente del garaje. Alejandro caminaba con las manos en los bolsillos, inquieto, mirando hacia la puerta mientras el eco de la discusión previa de Laura y sus padres todavía vibraba en las paredes de la casa.
El chófer de la familia cerró la puerta principal, señal de que todos se estaban retirando. Alejandro respiró hondo, dispuesto