La luz en la finca de Bedford tenía una cualidad artificial, incluso cuando el sol lograba filtrarse a través de los espesos bosques de Westchester. Isolde se despertó con el sonido persistente de la lluvia golpeando contra los cristales blindados, un repiqueteo rítmico que parecía burlarse de la agitación que sentía en su interior. Aquel era el quinto día desde que se había iniciado la fase crítica de la estimulación ovárica, y su cuerpo ya no se sentía como propio. Era un mapa de sensaciones