Capítulo 68
La villa en la costa sur de Francia era un santuario de piedra antigua y buganvilias que parecían haber cobrado una vida vibrante y eléctrica desde su llegada. Alaric e Isolde habían pasado las últimas horas instalando a los niños en una de las habitaciones más seguras, vigiladas por un Marcus que, a pesar de su escepticismo ante lo sobrenatural, no se separaba de su rifle de pulso. Sin embargo, para la pareja, el silencio de la mansión no traía paz, sino una tensión acumulada que p