La mañana del sexto día nació envuelta en una niebla tan densa que los árboles del bosque de Bedford parecían fantasmas montando guardia alrededor de la mansión. Dentro, el ambiente no era menos opresivo. Isolde se encontraba en la sala de estar principal, una estancia de techos altos y vigas de roble que en otro tiempo habría resultado acogedora, pero que ahora se sentía como la antecámara de un tribunal. El dolor sordo en su vientre tras la intervención de extracción había remitido, dejando e