Capítulo 69
El sol de la mañana se filtraba por las contraventanas, trazando líneas de oro sobre el cuerpo de Isolde, que descansaba con una serenidad casi irreal. Alaric la observó durante unos minutos más, embriagado por la calma que solo su presencia podía otorgarle. Pero el mundo exterior no se detenía. La vibración en su sangre, esa sintonía que ahora lo conectaba con la villa y sus alrededores, le advirtió que algo estaba cambiando en el jardín.
Se vistió con lentitud, sintiendo cada músc