Capítulo 71
El rugido de los helicópteros sobre la villa era un trueno metálico que hacía vibrar los cristales de las ventanas, pero para Alaric, el verdadero sonido del peligro era el latido acelerado de Isolde en el piso de arriba. El erotismo de la batalla inminente no residía en la violencia, sino en la protección absoluta de lo que amaba. Se encontraba en el centro del camino de grava, con las mangas de su camisa remangadas y el pecho agitado por una respiración controlada. Frente a él, a