El despertar en la finca de Bedford trajo consigo una claridad dolorosa, una de esas mañanas donde la luz del sol parece demasiado brillante para los ojos que han llorado en la oscuridad. Isolde se despertó con una sensación de pesadez en las extremidades, una consecuencia directa del cóctel hormonal que la Dra. Sterling le había administrado la noche anterior. Su cuerpo se sentía extraño, una vasija que empezaba a desbordarse de sensaciones ajenas: una náusea persistente, un calor inusual en l