La noche cubría el reino con un brillo plateado cuando Theo y Greta cruzaron los portones de piedra blanca.
Las antorchas no ardían con fuego común.
Era luz lunar concentrada.
El aire allí era distinto. Antiguo. Vigilante.
En lo alto, las torres del palacio parecían tocar el cielo.
Los guardias inclinaron la cabeza al verlos pasar.
—El alfa del norte… y su luna —murmuraron.
Greta sintió la energía recorrerle la piel.
Azura permanecía en silencio.
Observando.
Cuando entraron al gran salón, los t