El bosque se volvía más denso a cada paso.
No era solo vegetación, era memoria, era algo sagrado.
—Les dije que no era necesario acompañarme —murmuró Elara sin detenerse.
Rafael caminaba a su derecha, Lana a su izquierda.
—Claro que lo es —respondió Rafael con firmeza—. Se suponía que vendrías cuando Theo y Greta estuvieran aquí para acompañarte.
—Podía hacerlo sola, además no hay tiempo, Theo debe empezar su entrenamiento ya.
—Pero no tienes que hacerlo sola —intervino Lana con suavidad, aunqu