CAPÍTULO 80 — EL OPUESTO DE BARK.
La cueva los recibió con un aliento helado.
No era el frío natural de la roca húmeda.
Era un frío que parecía nacer de las sombras mismas.
—¿Amor… estás seguro que eso te dijo la reina? —preguntó Greta en voz baja, caminando junto a él.
—Sí, mi luna —respondió Theo sin apartar la mirada del fondo oscuro—. Fue clara. Algo pasó aquí. Algo cambió… y tiene que ver con la lanza.
Rafael cerraba la retaguardia. Elara avanzaba delante, con el ceño fruncido.
Aunque las almas atrapadas ya no estaban, el