Diez años habían pasado.
La paz reinaba en la manada.
El territorio de Garra nocturna se había convertido en uno de los más fuertes y respetados del reino. Los caminos estaban llenos de vida, los entrenamientos eran constantes y la risa de los cachorros se escuchaba por todas partes.
Aquella tarde, Greta caminaba lentamente por la arena de entrenamiento.
El viento movía suavemente su cabello mientras una de sus manos descansaba sobre su abdomen abultado de seis meses.
Su vientre ya era imposible