Seis años después.
La manada de Theo prosperaba como nunca antes.
Las casas se habían multiplicado, los territorios eran seguros y las alianzas con otras manadas habían fortalecido todo el reino. La Garra plateada florecía, y los caminos entre las manadas eran recorridos con frecuencia por guerreros, comerciantes y familias.
Pero aquella tarde, el claro principal estaba ocupado por algo mucho más importante.
Niños.
Risas infantiles llenaban el aire mientras corrían entre los árboles.
Los melliz