La luz suave del amanecer entraba tímidamente por la ventana de la habitación.
El canto lejano de algunos pájaros se mezclaba con el silencio cálido del cuarto, donde dos camas separadas seguían recordando lo que habían sido… y lo que estaban dejando de ser.
Theo despertó primero.
Abrió los ojos lentamente, sintiendo todavía el eco del vínculo ardiendo bajo su piel. A su lado, aunque en otra cama, Greta dormía profundamente, envuelta en las sábanas, el cabello revuelto cayéndole sobre la mejill