Mundo de ficçãoIniciar sessão«Naciste para servir, no para gobernar», dijo el Alfa Raphael al rechazar su vínculo. ──────༻❀༺────── Cuando Nyxara descubre que su mate es nada menos que Raphael Thorne, el Alfa de la manada más poderosa del Reino, espera explotar de felicidad… no de dolor. Nacida como Omega, su sola existencia debilita el poder de su pareja en lugar de potenciarlo. Para un Alfa destinado a gobernar, ella es una maldición. Así que es rechazada, humillada y despreciada ante toda la manada. Pero el infierno apenas comienza. Acusada falsamente de asesinar al heredero del Alfa, Nyxara huye para salvar su vida y cruza las fronteras hacia el temido Reino de Molvking, un territorio donde ningún lobo debería pisar. Allí, sin esperanza de sobrevivir, su destino se entrelaza con el del ser más cruel y salvaje de todos los siglos: Asheron Norvak, el Rey Lycan. Mientras Nyxara descubre que no es una simple Omega, sino la portadora de un poder celestial prohibido, la Diosa Selene le revela una profecía aterradora: está destinada a convertirse en la Reina Celestial que salvará a todos… o en la Reina Demonio que destruirá Molvking y sumirá al mundo en sangre. Ahora, atrapada entre un Alfa que la despreció y un Rey Lycan que la reclama como suya, Nyxara deberá elegir qué monstruo quiere ser. Porque ella no nació para servir. «Ya no soy la simple Omega que rechazaste… soy la mujer que tiene en sus manos las vidas de todo el maldito Reino».
Ler maisHabía llegado el momento que tanto había esperado. El sol aún no salía cuando Dayleen entró en la armería privada del castillo. Su padre ya la esperaba, vestido con una capa real sencilla, pero con la misma presencia solemne de siempre. En el centro de la sala, reposaban dos objetos sobre una mesa de piedra tallada: una espada envuelta en terciopelo negro y un espejo de mano con bordes dorados. —Te vas pronto —dijo el Rey Alarik, mirándola con orgullo contenido—. Más pronto de lo que querría. Me hubiera gustado conocernos mejor, que supieras lo importante que eres para mí, hija mía. Estoy orgullo de ti. —La oscuridad no esperará, padre. Y si no nos adelantamos… nos aplastará —contestó con la garganta contraída por la tristeza—. A mí regreso, sé que podremos recuperar el tiempo perdido. Por ahora te dejo a mis pequeños gemelos para que te hagan feliz cada mañana en mi ausencia. Él asintió con gravedad y colocó las manos sobre los objetos. —Gracias, te prometo que estarán a sal
Después de los acontecimientos de los últimos días, al fin parecía que todo estaba normal. El amanecer llegó con un cielo claro y brillante sobre la manada de Fuego. Tras la noche marcada por el nacimiento de los gemelos de Dayleen, la calma parecía haber vuelto, aunque fuera por un instante. Aria despertó. El primer aliento que tomó fue doloroso. El cuerpo aún le ardía, como si fuego líquido corriera bajo su piel. Se incorporó con esfuerzo, y miró alrededor. Estaba sola. En un cuarto pequeño, sin lujos, sin ataduras. Un catre, una mesa, y una ventana con barrotes de madera. No era una habitación de Luna. Era un cuarto de confinamiento. Parpadeó. Trató de recordar, aunque le dolía la cabeza al intentarlo. Fragmentos llegaron, como golpes: voces en su mente, una oscuridad que la acariciaba por dentro, una risa femenina… y sangre. Tanta sangre, recordaba haber venido sangre de inocentes. Ver a su propia tía siendo torturada sin poder hacer nada. La puerta se abrió. El b
Ese día había resultado especialmente más agotador. Desde que fue anunciada como heredera al trono de Aryndell, Dayleen no había tenido un momento de descanso real. Las congregaciones con las casas aliadas, los consejeros, las sacerdotisas y los delegados de las manadas exteriores no se detenían. Todos querían saber qué tipo de Reina sería. Todos querían asegurarse de que no perderían su lugar con el nuevo orden. Ella, por su parte, escuchaba más de lo que hablaba. Había aprendido que, en palacio, el que calla también reina. Bueno, en realidad lo había leído en uno de los libros que su tía Keira le había dado para entender sus funciones en la realeza «Guía de la Familia Real», no podía creer que en verdad existiera un libro para enseñar a ser parte de los Kingston, pero lo agradecía. Cuando la última reunión terminó, se retiró a su habitación, donde Xavier la esperaba. Él ya sabía cómo era su rutina y no le preguntaba nada. Solo estaba ahí, como un pilar silencioso que no exigí
El viento comenzó a cambiar cuando el grupo dejó atrás la frondosidad de la manada de Tierra. El aire, antes templado y húmedo, se volvió más seco y denso. El terreno comenzaba a inclinarse hacia la región donde debía estar la manada de Agua, pero algo no iba bien. No era solo el olor: era el silencio. Un silencio antinatural. —Esto está muy quieto —murmuró Xavier, alzando la mano para que el grupo redujera la marcha. Cassian tensó la mandíbula. Sus sentidos como Alfa estaban alerta. Incluso Sebastián, que hasta ese momento había cabalgado en silencio, bajó del caballo y olfateó el aire con desconfianza. —Hay algo… podrido cerca. No huele como lobo, ni como humano. Es otra cosa. Dayleen, que cabalgaba al centro, se llevó la mano al vientre con un gesto repentino. Un dolor agudo le recorrió el bajo vientre, como una punzada súbita. —Ah… —soltó en un gemido bajo. Xavier se giró al instante. —¿Qué sucede? —Nada… estoy bien —mintió, aunque un sudor frío le bajaba por la
Último capítulo