Amaia.
Un aroma dulce, demasiado para mi gusto inunda mi nariz con cierto desagrado, resulta evidente que acaba de cambiarse de ropa y perfumarse.
Me reacomodo para levantarme de la cama.
—Que escena más interesante —agrega con tono afilado, incluso aunque he ignorado su anterior comentario.
La observo y ella a mí, no sé qué expresión le estaré mostrando, pero la de ella es una mezcla de incredulidad y furia.
— ¿Qué haces en la cama de Gael? —vuelve a preguntar.
Ante su insistencia sonrío con c