Amaia.
El mayordomo no pudo contestar puesto que salgo corriendo sin pensarlo. El pánico me ciega y mi única preocupación es mi hermana. Mis pies apenas si tocan el suelo mientras desciendo las escaleras a toda prisa, pero en medio de mi desesperación mi tobillo se dobla y hace que pierda el equilibrio.
Caigo hacia delante de forma inevitable, pero antes de que el peso de la gravedad haga su efecto, unos brazos firmes me atrapan con fuerza. Miro hacia arriba encontrando a Gael, mientras el calor