Gael.
Me mantengo firme frente a la puerta cerrada de la habitación de Amaia. La sensación cálida de la sangre aún permanece en mi piel.
Un suave perfume floral irrumpe. Es Diara. Se acerca con un par de bolsas en las manos y una manta doblada sobre el brazo.
—Te traje algo de ropa limpia… y comida —dice con una sonrisa.
Bajo la mirada hacia las bolsas, luego a ella, asiento con un movimiento leve.
—Despertó hoy, hace poco.
Ella ofrece una pequeña sonrisa.
—Lo sabía. Amaia es fuerte. Ni u