Amaia.
La conciencia regresa como un oleaje lento. Mi cuerpo pesa y hay cierto ardor en la espalda. Todo está quieto, es demasiado blanco por lo que la luz parece rebotar con fuerza en las paredes. Huele a desinfectante, es como si me hubiera transportado a un lugar impoluto y pacífico. Parpadeo, pero mis párpados se sienten de plomo. Unos segundos después puedo ver mejor todo a mi alrededor.
En definitiva, estoy en una habitación demasiado limpia, elegante, de paredes claras y luz cálida fil