—Tu perdón no es suficiente, ¡lastimaste a una inocente! ¿Tienes algo de arrepentimiento?
El hombre no pudo evitar derramar lágrimas.
—¡Sí! ¡Estoy arrepentido! Tan arrepentido, ahora que lo sé todo, estoy desesperado, me arrepiento hasta la médula, si pudiera cambiarlo todo.
El hombre frunció el ceño.
—¿Qué dices?
—Sé que no mataste a mi familia, sé qué tenías esa intención, pero la bomba no la detonaste tú.
—¡¡Le juré a Diana muchas veces que no fui yo! Sì, quise hacerlo, pero me arrepentí, por