Ónix salió de la habitación con pasos pesados, cada músculo de su cuerpo tenso como un resorte a punto de estallar. Al mirar hacia el pasillo, la figura de Ana apareció, altiva, casi esperando su llegada. Su sola presencia encendió un fuego abrasador en su interior, un odio tan visceral que se sintió incapaz de contenerse.
Sin pensarlo dos veces, se acercó a ella y la tomó del brazo con fuerza, obligándola a girar hacia él.
—Entonces, ¿quieres decir que salvarás a Selene solo si la dejo y me cas