—Lo que tuviste con Margaret… no es lo que quiero.
La voz de Valentina tembló apenas al pronunciar el nombre. No fue reproche lo que vibró en el aire, sino una súplica contenida durante demasiado tiempo. Kaiser la observó en silencio. Parpadeó una vez, lento, como si necesitara ese gesto humano para ordenar lo que sentía… o lo que se negaba a sentir.
Valentina tenía los ojos llenos de lágrimas, pero no lloraba. Aún no. Estaba de pie frente a él en el penthouse, con la ciudad extendiéndose c