Dos días después del campamento, la casa volvió a su silencio habitual. El bosque seguía recibiendo el invierno. El aire ya no tenía esa calidez y la presencia constante de Xylos, ya no estaba. Esa mañana, Vecka despertó y notó su ausencia en la casa. El aroma a lavanda que solía impregnar cada rincón, se había desvanecido como si el viento los hubiera borrado durante la noche.
Preguntó a Polaris, que estaba revisando unos documentos en la cocina, y fue ella quien le dijo con naturalidad:
—Mi