Cuando despertó, la luz del amanecer se filtraba tímidamente entre las costuras de la tienda. Al principio, Vecka, no entendió qué era esa calidez que la envolvía, ni esas manos que descansaban sobre su vientre. Se quedó inmóvil, confundida, hasta que sus dedos rozaron la piel tibia del brazo que la sujetaba con fuerza. Era piel humana, ella contuvo la respiración. Lentamente, giró la cabeza… y se encontró frente al rostro de Xylos.
Dormía. Su respiración era tranquila, casi imperceptible. Una