En la soledad silenciosa de la habitación en donde el fuego de la chimenea apenas respiraba con el sonido de la madera ardiendo, Vecka permanecía de pie frente a la cuna de madera oscura.
Sus manos descansaban sobre el borde, temblando apenas, mientras observaba el suave ascenso y descenso del pecho de su hijo quien dormía ajeno a todo, envuelto en mantas claras que contrastaban con su cabello castaño y su piel tibia.
Había dado su vida para que él existiera, había cruzado el umbral entre l