Los pinos altos del bosque le daban una vista maravillosa a Vecka en la habitación, mientras el amanecer tiñe el aire con ese tono dorado que solo existe en las primeras horas del día. El canto de los pájaros rompía el silencio húmedo de las primeras horas, y en el aposento del piso superior, Vecka despertó con el ceño fruncido y el pecho apretado. La discusión de la noche anterior aún pesaba sobre su mente como una piedra fría, Kian dormía a su lado, de espaldas a ella, respirando profundo, in