El jardín de la Finca Thorsten era un caos controlado.
No había voces alzadas, solo gruñidos bajos de comunicación y miradas que lo decían todo. La manada se movía con la sincronización de un solo depredador gigante preparándose para cambiar de guarida.
Seraphina aseguraba el cinturón de seguridad de Hunter en el asiento trasero del vehículo blindado central. El niño estaba en silencio, con su mochila en el regazo y la mano derecha metida dentro, aferrando el mango de su daga.
—¿Tienes miedo? —