Seraphina se abotonó la camisa de seda hasta el último botón del cuello, sus dedos temblando ligeramente mientras ocultaban la evidencia.
Las marcas negras en su cintura no dolían, pero ardían con un frío psíquico, floreciendo sobre su piel pálida como moho en una fruta perfecta.
La tela rozaba su piel sensible, un recordatorio constante y abrasivo de que su cuerpo ya no era un templo privado, era un campo de batalla donde Ronan y Draven luchaban por clavar su bandera.
Necesitaba aire. Necesi