El amanecer llegó sobre la Finca Thorsten, pero no trajo calor. La luz gris y pálida del sol naciente reveló la magnitud de la carnicería. El jardín de rosas blancas, escenario de una boda que nunca terminó, era ahora un cementerio de barro negro y pétalos manchados.
La guerra había terminado, pero el precio había sido alto.
El Gran Salón se había convertido en un hospital de campaña improvisado. Colchones sacados de las habitaciones de invitados cubrían el suelo de mármol, ocupados por lobos q