La niebla gris se tragó el carruaje en el instante en que cruzaron la frontera del Este. El paisaje de árboles frondosos y ríos desapareció, devorado por un mar de bruma espesa que bloqueaba el sol.
El aire frío y cortante se filtraba por las rendijas de la madera, trayendo consigo un aroma rancio a incienso y a magia antigua.
Evander viajaba en el asiento contrario, con la mandíbula tan apretada que sus músculos se marcaban bajo la piel.
Sus brazos cruzados sobre el pecho delataban la tensió