La inmensa y asfixiante sombra negra devoró por completo el radiante sol de la tarde en un aterrador instante.
El agradable y reconfortante calor del sur desapareció sin dejar rastro. Un viento antinatural, gélido y violento comenzó a azotar los jardines.
Evander se levantó de inmediato.
No hubo la más mínima vacilación en sus ágiles movimientos. Su fiero instinto de protección estalló mucho antes de que la razón pudiera siquiera procesar la magnitud de la amenaza.
No necesitaba armas para ser